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Have a happy brand new week, hon! Vila
Epode V – The Witch’s Incantation
Horace
‘By all the heavenly gods that rule the world, And command the human race,
What does this hubbub mean, and all these savage Faces, turned towards me alone?
By your children, if Lucina came when called To assist at their proper birth,
By these worthless rags of purple clothing, I pray, By Jupiter who will condemn this,
Tell me why you gaze at me like my stepmother, Or a beast pursued by the spears?’
When the lad, who lamented with trembling lips Stood silent, stripped of a boy’s insignia,
His youthful body such a one as might soften The impious hearts of Thracians:
Canidia, those blunt vipers entangled In her head of dishevelled hair,
Ordered wild fig-trees, ripped from the sepulchres, With funereal cypresses,
With the feathers and eggs of nocturnal screech-owls All smeared with the blood of vile toads,
With herbs that Iolchos and Iberia, fertile In poisons nurture for us,
And bones snatched from the jaws of a hungry bitch, All to be burnt in Colchian flames.
Meanwhile eager Sagana, sprinkled water From Avernus all through the house,
Hair fierce and bristling, like a spiny sea-urchin, Or like a wild-boar in the chase.
And Veia, unrestrained by sign of conscience, Was digging the earth, with a sturdy
Mattock, while groaning hard over her labours, So the lad, buried to his neck,
His face showing like a swimmer’s, chin touching The surface of the water,
Might die staring at food, brought and taken away Two or three times each endless day:
This so his marrow and liver, extracted, then Dried, might form a love potion,
When his eyeballs, fixed on the meal he was denied, Had shrivelled all to nothingness.
Idle Naples, and every neighbouring town, Believed that the mannish wanton,
Folia of Ariminium was also Present as one of that number,
Who spirits away the stars with Thessalian Charms, and steals the moon from the sky.
Then savage Canidia, gnawing a long nail With livid tooth, what did she say
What did she not say? ‘Oh, faithful witnesses Of my actions, you, Night,
And you, Diana, who are the queen of silence, Where our secret rites are performed,
Now, aid me now, now, turn your anger and power Against the houses of my foes!
While wild beasts lie in the fearsome woods, Wrapped in the sweetest slumber,
Let Subura’s dogs bark at the old adulterer, He whom everyone laughs at,
Who’s smeared with the ointment that my hands prepared, And never more perfectly.
What happened? Why have barbarous Medea’s dire Potions failed to work, those with which
She took vengeance on that proud paramour, great Creon’s daughter, then fleeing,
When the gift of a robe steeped in poisoned blood, Engulfed the new-made bride in flames?
And yet no root or herb that may grow secretly In wild places eluded me.
He is sleeping there between perfumed sheets Forgetful of mistresses. Alas! He walks at liberty, freed by the charms
Of some clever enchantress! O Varus, doomed to a life heavy with weeping,
By use of no common potion Will you return to me, nor will your devotion
Be revived by Marsian spells. I’ll prepare something stronger, a stronger dose I’ll pour,
That will counter your disdain, And sooner shall the sky sink under the sea,
With all the earth spread over both, Than you not burn with passion for me, just like
Bitumen with its smoky flame.’ Hearing this the boy no longer tried, as before,
To mollify the impious, But uncertain how best to break the silence,
Uttered Thyestean curses: ‘Your magic spells can’t alter right and wrong, or
Avert human retribution. I’ll pursue you with terrors: no sacrifice
Will expiate my dark threats. Even when, doomed to death, I expire, I’ll come
To you as a Fury by night, A shadow whose crooked claws will tear your faces
With the Manes’ divine power, And settling myself in your unquiet hearts, I’ll drive sleep out with terror.
The crowd will crush you, obscene old hags, pelting you With stones from every side:
And then the wolves and birds of the Esquiline, Will scatter your unburied limbs,
And my parents, who will alas survive me, shall Not miss a moment of that sight
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Hope you have a lovely weekend hon! Vila
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Hey hon! Hope you have a super brand new week! Vila
Como suena en mi alma la idea de una noche completa en tus brazos diluyéndome toda en caricias mientras tú te me das extasiado!
¡Que infinito el temblor de miradas que vendrá en la emoción del abrazo, y que tierno el coloquio de besos que tendré estremecida en tus labios!
¡Como sueño las horas azules que me esperan tendida a tu lado, sin mas luz que la luz de tus ojos, sin mas lecho que aquel de tu brazo!
¡Como siento mi amor floreciendo en la mística voz de tu canto; notas tristes, alegres y hondas que unirán tu emoción a tu rapto!
¡Oh la noche regada de estrellas que enviará desde todos sus astros la mas pura armonía de reflejos como ofrenda nupcial a mi tálamo!
Se ha callado la idea turbadora y me siento en el si de tu abrazo, convertida en un sordo murmullo que se interna en mi alma cantando.
Es la noche una cinta de estrellas que una a una a mi lecho han rodado; y es mi vida algo así como un soplo ensartados de impulsos paganos.
Mis pequeñas palomas se salen de su nido de anhelos extraños y caminan su forma tangible hacia el cielo ideal de tus manos.
Un temblor indeciso de trópico nos penetra la alcoba.
¡Entre tanto, se han besado tu vida y mi vida y las almas se van acercando!
¡Como siento que estoy en tu carne cual espiga a la sombra del astro!
¡Como siento que llego a tu alma y que allá tu me estas esperando!
Se han unido, mi amor, se han unido nuestras risas más blancas que el blanco, y ¡Oh milagro! en la luz de una lágrima se han besado tu llanto y mi llanto.
¡Como mueren las ultimas millas que me ataban al tren del pasado!
¡Que frescura me mueve a quedarme en el alba que tu me has brindado!
¡Oh la noche regada de estrellas que envió desde todos sus astros la mas pura armonía de reflejos como ofrenda nupcial a mi tálamo!
¡como suena en mi alma la clara vibración pasional de mi amado, que se abrió todo en surcos inmensos donde anduve mi amor, de tu brazo!
La ternura de todos los surcos se ha quedado enredado en mis pasos, y los dulces instantes vividos siguen, tenues, en mi alma soñando.
La emoción que broto de su vida
--que fue en mi manantial desbordado--ha tomado la ruta del alba y ahora vuela por todos los prados.
Ya la noche se fue; y a las nuevas emociones del alba se ha atado.
Todo sabe a canciones y a frutos, y hay un niño de amor en mi mano.
Se ha quedado tu vida en mi vida como el alba se queda en los campos; y hay mil pájaros vivos en mi alma de esta noche de amor en tres cantos.
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Hope your brand new week is absolutely musical hon! Vila
Vivía en otros tiempos una hechicera que tenía tres hijos, los cuales se amaban como buenos hermanos; pero la vieja no se fiaba de ellos, temiendo que quisieran arrebatarle su poder. Por eso transformó al mayor en águila, que anidó en la cima de una rocosa montaña, y sólo alguna que otra vez se le veía describiendo amplios círculos en la inmensidad del cielo. Al segundo lo convirtió en ballena, condenándolo a vivir en el seno del mar, y sólo de vez en cuando asomaba a la superficie, proyectando a gran altura un poderoso chorro de agua. Uno y otro recobraban su figura humana por espacio de dos horas cada día. El tercer hijo, temiendo verse también convertido en alimaña, oso o lobo, por ejemplo, huyó secretamente.
Se había enterado de que en el castillo del Sol de Oro residía una princesa encantada que aguardaba la hora de su liberación; pero quien intentase la empresa exponía su vida, y ya veintitrés jóvenes habían sucumbido tristemente. Sólo otro podía probar suerte, y nadie más después de él. Y como era un mozo de corazón intrépido, decidió ir en busca del castillo del Sol de Oro.
Llevaba ya mucho tiempo en camino, sin lograr dar con el castillo, cuando se encontró extraviado en un inmenso bosque. De pronto descubrió a lo lejos a dos gigantes que le hacían señas con la mano, y cuando se hubo acercado le dijeron:
-Estamos disputando acerca de quién de los dos ha de quedarse con este sombrero, y, puesto que somos igual de fuertes, ninguno puede vencer al otro. Como ustedes, los hombrecillos, son más listos que nosotros, hemos pensado que tú decidas.
-¿Cómo es posible que peleen por un viejo sombrero? -exclamó el joven.
-Es que tú ignoras sus virtudes. Es un sombrero milagroso, pues todo aquel que se lo pone, en un instante será transportado a cualquier lugar que desee.
-Venga el sombrero -dijo el mozo-. Me adelantaré un trecho con él, y, cuando llame, echen a correr. Lo daré al primero que me alcance.
Y calándose el sombrero, se alejó. Pero, llena su mente de la princesa, se olvidó en seguida de los gigantes. Suspirando desde el fondo del pecho, exclamó:
-¡Ah, si pudiese encontrarme en el castillo del Sol de Oro! -y no bien habían salido estas palabras de sus labios, se halló en la cima de una alta montaña, ante la puerta del alcázar.
Entró y recorrió todos los salones, encontrando a la princesa en el último. Pero, ¡qué susto se llevó al verla! Tenía la cara de color ceniciento, lleno de arrugas; los ojos turbios y el cabello rojo.
-¿Es usted la princesa cuya belleza ensalza el mundo entero?
-¡Ay! -respondió ella-, ésta que contemplas no es mi figura propia. Los ojos humanos sólo pueden verme en esta horrible apariencia; mas para que sepas cómo soy en realidad, mira en este espejo, que no yerra y refleja mi imagen verdadera.
Y puso en su mano un espejo, en el cual vio el joven la figura de la doncella más hermosa del mundo entero; y de sus ojos fluían amargas lágrimas que rodaban por sus mejillas. Le dijo entonces:
-¿Cómo puedes ser redimida? Yo no retrocedo ante ningún peligro.
-Quien se apodere de la bola de cristal y la presente al brujo, quebrará su poder y me restituirá mi figura original. ¡Ay! -añadió-, muchos han pagado con la vida el intento, y viéndote tan joven me duele ver el que te expongas a tan gran peligro por mí.
-Nada me detendrá -replicó él-, pero dime qué debo hacer.
-Vas a saberlo todo -dijo la princesa-: Si desciendes la montaña en cuya cima estamos, encontrarás al pie, junto a una fuente, un salvaje bisonte, con el cual habrás de luchar. Si logras darle muerte, se levantará de él un pájaro de fuego, que lleva en el cuerpo un huevo ardiente, y este huevo tiene por yema una bola de cristal. Pero el pájaro no soltará el huevo a menos de ser forzado a ello, y si cae al suelo se encenderá y quemará cuanto haya a su alrededor, disolviéndose él junto con la bola de cristal, y entonces todas tus fatigas habrán sido inútiles.
Bajó el mozo a la fuente y en seguida oyó los resoplidos y feroces bramidos del bisonte. Tras larga lucha consiguió traspasarlo con su espada, y el monstruo cayó sin vida. En el mismo instante se desprendió de su cuerpo el ave de fuego y emprendió el vuelo; pero el águila, o sea, el hermano del joven, que acudió volando entre las nubes, se lanzó en su persecución, empujándola hacia el mar y acosándola a picotazos, hasta que la otra, incapaz de seguir resistiendo, soltó el huevo. Pero éste no fue a caer al mar, sino en la cabaña de un pescador situada en la orilla, donde en seguida empezó a humear y a despedir llamas. Se elevaron entonces gigantescas olas que, inundando la choza, extinguieron el fuego. Habían sido provocadas por el hermano, transformado en ballena, y una vez el incendio estuvo apagado, nuestro doncel corrió a buscar el huevo, y tuvo la suerte de encontrarlo. No se había derretido aún, pero, por la acción del agua fría, la cáscara se había roto. Así el mozo pudo extraer, indemne, la bola de cristal.
Al presentarse con ella al brujo y mostrársela, dijo éste:
-Mi poder ha quedado destruido y desde este momento tú eres rey del castillo del Sol de Oro. Puedes también desencantar a tus hermanos, devolviéndoles su figura humana.
Corrió el joven al encuentro de la princesa y, al entrar en su aposento, la vio en todo el esplendor de su belleza y, rebosantes de alegría, los dos intercambiaron sus anillos.
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Hey hon! Have a great night! Vila
Cuentan que había una vez un rey muy apuesto que estaba buscando esposa. Por su palacio pasaron todas las mujeres más hermosas del reino y de otros más lejanos; muchas le ofrecían además de su belleza y encantos muchas riquezas, pero ninguna lo satisfacía tanto como para convertirse en su reina.
Cierto día llegó una mendiga al palacio de este rey y con mucha lucha consiguió una audiencia.
-No tengo nada material que ofrecerte; sólo puedo darte el gran amor que siento por ti -le dijo al rey- puedo hacer algo para demostrarte ese amor-
Esto despertó la curiosidad del rey, quien le pidió que le dijera qué sería eso que podía hacer.
-Pasaré 100 días en tu balcón, sin comer ni beber nada, expuesta a la lluvia, al sereno, al sol y al frío de la noche. Si puedo soportar estos 100 días, entonces me convertirás en tu esposa.
El rey, sorprendido más que conmovido, aceptó el reto.
Le dijo: - acepto; si una mujer puede hacer todo esto por mí, es digna de ser mi esposa Dicho esto, la mujer empezó su sacrificio.
Empezaron a pasar los días y la mujer valientemente soportaba las peores tempestades. .. muchas veces sentía que desfallecía del hambre y del frío, pero la alentaba imaginarse finalmente al lado de su gran amor.
De vez en cuando el rey asomaba la cara desde la comodidad de su habitación para verla y le hacía señas de aliento con el pulgar
Así fue pasando el tiempo... 20 días...50... La gente del reino estaba feliz, pues pensaban: 'Por fin tendremos una reina!... 90 días... y el rey continuaba asomando su cabeza de vez en cuando para ver los progresos de la mujer.
-Esta mujer es increíble- pensaba para sí mismo y volvía a darle alientos con señas.
Al fin llegó el día 99 y todo el pueblo empezó a reunirse en las afueras del palacio para ver el momento en que aquella mendiga se convertiría en esposa del rey.
Fueron contando las horas...¡A las 12 de la noche de ese día tendrían reina!... La pobre mujer estaba muy desmejorada; había enflaquecido mucho y contraído enfermedades.
Entonces sucedió. A las 11:00 de la noche de aquél día 99, faltando apenas una hora para que llegara el día 100, la valiente mujer se rindió... y decidió retirarse de aquel palacio.
Dio una triste mirada al sorprendido rey y sin decir ni media palabra se marchó.
¡La gente estaba conmocionada! Nadie podía entender por qué aquella valiente mujer se había rendido faltando tan solo una hora para ver sus sueños convertirse en realidad ¡¡Había soportado tanto!!
Al llegar a su casa, su padre se había enterado ya de lo ocurrido.
Le preguntó: ¿Por qué te rendiste a tan solo instantes de ser la reina?
Y ante su asombro ella respondió:
Estuve 99 días y 23 horas en su balcón, soportando todo tipo de calamidades y no fue capaz de liberarme de ese sacrificio. Me veía palidecer y sólo me alentaba a continuar, sin mostrar siquiera un poco de piedad ante mi sufrimiento. Esperé todo este tiempo un atisbo de bondad y consideración que nunca llegaron.
Entonces entendí: una persona tan egoísta, desconsiderada y ciega, que sólo piensa en sí misma, no merece mi amor.
Moraleja: Cuando ames a alguien y sientas que para mantener a esa persona a tu lado tienes que sufrir, sacrificar tu esencia y hasta rogar...aunque te duela, retírate.
Y no tanto porque las cosas se tornen difíciles, sino porque quien no te haga sentir valorado(a), quien no sea capaz de dar lo mismo que tú, quien no pueda establecer el mismo compromiso, la misma entrega... simplemente. .. NO TE MERECE.
En la vida existen dos tipos de personas: Los que viven hablando de las virtudes y los que se limitan a tenerlas.
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